Update to 3.0 level

30 años

RBPL

Mirando el atardecer a través de la ventana de un cuarto Lisboeta, en un País que no es el mío, me quedo reflexionando sobre el tiempo. Lo absurdamente lento que pasa alguna vez, pero, lo rápido y “jodido” que es cuando haces un alto en el camino y miras hacia atrás.

30 años, que se dice pronto.

No sé si a vosotros os pasará, pero cuando buceo en el abismo de mi mente, buscando esos recuerdos más primerizos de mi vida, solo tengo pequeños “flashes”. Como si años enteros de mi vida ya se borraron de mi cabeza para ir dando espacio a la rutina del día presente.
¿Vosotros recordáis, por ejemplo, que estabais haciendo con 7 años, el día 3 de octubre? Yo tampoco, pero lo vivimos y posiblemente haya sido un día normal y tranquilo en aquella rutina de tener 7 tiernos años.
Cumpleaños que no me gustaba celebrar (quizás por lo nostálgico que soy y veía que ya se me iba la vida siendo tan joven), fiestas del pueblo, bodas a las que asistí tan pequeñito, inviernos fríos y lluviosos de colegio, de jugar a la consola, de “aventuras” bajo la lluvia cuando nos íbamos por ahí a descubrir el mundo (y no salíamos ni a medio km), de pensar en los reyes magos meses antes de que llegasen, mirando revistas de juguetes y “marcando” el que quería, incluso escribiendo la típica carta a los reyes, eterna ¡cómo no!
Recuerdo a mis abuelos, en su cuarto un día de reyes esperándome con una bicicleta. Es de los pocos recuerdos de mi abuela que tengo y lo pienso cada vez que puedo para que jamás se me borre de mi memoria.
Con mi abuelo, al menos, tuve la gran suerte de conocerle y que me “guiara” en mis primeros años de vida. Le acompañaba por las mañanas a la plaza y veía como casi todo el mundo le saludaba cordialmente; “mi abuelo es el mejor, conoce a casi todo el mundo!” – pensé.
Las noches que nos quedábamos solos mientras mis padres trabajaban en el bar que tuvimos (grandes recuerdos de aquél bar) y siempre me hacía la cena, normalmente huevos fritos y algo más (salchichas, patatas) y me encantaba. Me llevaba a la ermita que cuidaba con tanta pasión, sin pedir nada a cambio y pasábamos allí las horas al fresquito, ayudándole a reparar las flores y jugando con nuestro cocker “Coffee”, del que aún hoy me acuerdo y del que lo imagino junto a él en el cielo.
Recuerdo el Invierno frío que se lo llevó, Diciembre del año 2002. Y recuerdo cómo me decía que no llorase con la cabeza, sin decir ninguna palabra. Intenté ser fuerte, pero qué queréis que os diga, era mi abuelo y ya lo estaba echando de menos para el resto de mi vida.
Un mal año aquel 2002.
También recuerdo, aquellos veranos interminables, casi infinitos, en los que olvidabas absolutamente todo lo que tenía que ver con la “obligación”. Mañanas de calor, de piscinas con nuestros hermanos mayores, de jugar en la siesta a la sombra de un balcón mientras el mundo dormía. Las noches hasta las tantas en los bancos de mi barrera jugando al ajedrez aquel verano que nos dio “por ahí”. Las tardes que pasaba con mi hermano en nuestro bar mientras mis padres descansaban. Las conversaciones y debates tras un capítulo de Goku aquella mañana, jugando a las canicas creando grandes circuitos de arena. Al trompo, a la petanca apostándonos cromos de fútbol. Yendo al Polideportivo por las noches a ver los torneos de verano de los mayores y comer unos montaditos. Quedarnos a jugar nosotros también en aquellas porterías sin red…
Pasaban los días, uno tras otro sin pararte a pensar “ya queda menos para volver”, porque inconscientemente jamás querías que ese verano acabase.
Y lo fue, fue un verano eterno, el verano de nuestra infancia.

Pero poco a poco, la vida iba cambiando. Aquel verano, en nuestra gran excursión a Altea (hotel Cap Negret, habitación 423) fue maravilloso. Al fin empezaba a ver mundo, a conocer cómo funcionaba y pasé una semana brutal. Tengo recuerdos en Benidorm, en las playas, en el peñón de Ifach con todos mis amigos de clase y las otras clases, algo impensable hoy en día pues cada cual ya tiene su propia vida. Pero si, fue una pasada.
Pero acabó aquel verano y comenzaba el instituto, el interés en las chicas, las motos, el salir de fiesta y las botellonas.
Conocí a un chico y en 3 años, se convirtió en mi hermano. Recuerdo ir en bici los 2, al taller de su padre a conectarnos al internet precario de aquella época, solo por ver las últimas imágenes de MGS2. Tardes de videojuegos con su PS2, de estar en la barrera discutiendo sobre MGS, de jugar al futbolín…
Me encantó que cogiera fuerzas para venir conmigo y mi hermano a comprar mi primera PS2. Es un recuerdo que guardo como oro.
El 26 de Mayo de 2002, me dijo adiós. No lo hizo en persona ya que yo no estaba ahí luchando junto a él cuando se fue, pero sé que me dijo adiós y yo le corregí: “no hermano, es hasta pronto.”
El tiempo entre lo que pasó y el instituto voló tan deprisa, que apenas tengo grandes recuerdos. Su ausencia y mi ya madura mentalidad, hizo que aquello me nublara y perdí el rumbo. Malas notas, poca atención en clase…me hice el típico rebelde que solo quería salir huyendo de todos lados. Empecé a trabajar mientras veía como mis amigos de toda la vida, seguían adelante. Yo ya me levantaba a las 7 de la mañana y pensaba: “¿cómo ha pasado todo tan rápido?”. Justo como estoy pensando hoy, sobre mis 30 años. En aquella ocasión, solo tenía 18.

La vida adulta, empezó a ir aún más rápido. Tengo recuerdos de botellones, pubs, discotecas, motos, el carnet de conducir, barriladas en Sevilla……Mi primer amor.
Internet hizo posible conocer a la que sería mi primera novia “formal”. Pero pensándolo bien ya con mi edad, creo que aquello fue más bien un “cuento” y no de hadas precisamente. Para mi si, por fin encontraba a alguien que me quería tal y como era yo, sin caretas absurdas. Fueron 2 años de idas y venidas, de reproches por la distancia, de bonitos momentos sí, no lo voy a negar…pero algo me decía que aquello, tenía fecha de caducidad. Y vaya si la tuvo, se fue con otro. La historia de mi vida.
Tardé en reponerme de mi primer amor, pero tuve y aún tengo la gran suerte, de tener el mejor amigo que existe. Mi otro hermano, Eloy. Empecé a conocerle de botellón en botellón, salidas nocturnas, chistes malos por doquier. Forjamos una amistad de hierro que hoy en día se mantiene incluso más fuerte a pesar de haberme ido de Écija. Siempre, siempre, siempre ha estado en los momentos malos (que han sido muchos) y eso es lo que valoro en un hermano. Porque “amigos”, hay muchos, pero hermanos, muy pocos. Si me caso, será quien organice mi despedida de bodas .
Como os decía, tardé en reponerme, conociendo chicas, no teniendo ni idea sobre hacia donde iba mi corta vida. Estaba muy perdido, sin estudios, sin pareja, con trabajos de mierda en Polígonos industriales…Pero alguien hizo “click” en mi cabeza con su simpatía y naturalidad. Volví a “caer” en las redes de otra chica y la verdad, fue alguien que me ayudó mucho a volverme a encontrar a mí mismo. Me dio “alas” para volver a estudiar, me hizo que yo volviera a creer en mí mismo y eso, aunque terminamos mal, tengo que agradecérselo.
Fueron años (3), de “estabilidad” si, pero una rara estabilidad. Creo que me conformé con ella y ella conmigo. Todo era rutina, apenas sentíamos lo mismo que cuando empezamos, se fue 9 meses y ya nunca volvió. Había conocido a otro, como os dije “la historia de mi vida”. ¿Y sabéis qué? Eso fue lo mejor que me pasó, que no volviera.
En medio de esta relación, mi padre empeoró. Tanto, que ya era constante su ingreso en el hospital de Osuna. Noches en vela intentando dormir junto aél, mientras mi madre trabajaba para sacarnos adelante. Yo intentando terminar mis estudios superiores sin ningún curro en ese momento. Fueron meses muy duros.
Mi padre se fue un 9 de Mayo de 2012. Lucas, mi primer sobrino, nacía un 6 de Julio de ese mismo año. No llegaron a conocerse, pero estoy seguro de que le cuida desde arriba.
Echo mucho de menos a mi padre. Fueron meses agridulces, pero Lucas, logró sacarnos de la tristeza con su cara y su sonrisa. Es mi príncipe.
Con 27 años, mis estudios terminados y repartiendo pizzas en el pueblo, hice mi primera entrevista para Skype. Había sido contratado para HP, en Lisboa.
Y ahí estaba yo, maleta en mano y un autobús que se iba, dejándome solo en una estación desconocida. En una ciudad desconocida, de un país desconocido. Mi alma, empezó a latir. Me sentí lo más vivo que me había sentido nunca cuando me acosté en aquella cama de aquel hostal, mientras escuchaba los aviones sobrevolar la ciudad. Empezaba una nueva vida.
Y qué nueva vida amigos.

He conocido estos años, a personas maravillosas que jamás creí que conocería. Amigos que se han convertido en hermanos para mí, lugares y rincones de esta ciudad que tienen mi sello. Castillos, senderos, callejones nocturnos, música, miradores y sus puestas de sol, trenes por la costa, playas eternas, pueblos costeros, caseros, vecinos, compañeros de piso fugaces, días en el Freeport, viajes en bla bla car…ROMA. Viví mi sueño, visité Roma aquel verano y volví a “subir de nivel”. Visitar ciudades, Países diferentes, hace que tu alma se enriquezca, se libere.

Pero lo mejor estaba por llegar.
Cuando volví de Roma, “ella” ya me esperaba en Lisboa.
Y con “ella” no me refiero a la vida, sino a la que hoy en día, es la persona más maravillosa que he conocido; Mi wowina.
Destino lo llaman, suerte también. Yo lo llamo, “esperanza”. La esperanza de que por fin haya encontrado pareja para compartir mi vida.
Tam me hizo confiar aún más en mí mismo, me hizo ver que hay que ser bueno con las personas, darles una oportunidad, por muy mal que se porten. Ya que el odio no se combate con odio. Es mi apoyo total hoy en día, a quien cuento cada una de las tonterías que se pasan por la cabeza y con quien más me he reído en mi vida. He vivido tantísimas cosas con ella, que en vez de casi 2 años, ¡parece que llevemos una vida juntos! No vino conmigo a Berlín, pero aquel viaje me hizo comprender que viajar solo está guay, pero si tienes a alguien como ella, mejor en compañía.
Visité Valencia junto a ella, Catadau y me contó su infancia, visitamos Oporto en un fin de semana inolvidable donde mencionamos “Hyde Park”. Dormimos 13 horas en un tren que recorría toda España para ver la preciosa Donostia. Un domingo 14 de Febrero, estaba con ella en lo más alto de la majestuosa Torre Eiffel, en el “place to Kiss”. Nos mojamos de lo lindo esperando para entrar en Notre Dame. Anduvimos por los campos Elíseos, bajo el Arco del Triunfo. Paseamos por el Puente del Alma. Vimos como el Big Ben tocaba las campanas a pocos metros de nosotros. Tocamos el agua del memorial de Diana (si, en Hyde Park) y también escribimos unas condolencias en el libro de los almacenes Harrods. Vimos la Eurocopa en un pub londinense rodeado de muy buena gente. Nos maravillamos con Picadilly Circus y cenamos en Chinatown. Cruzamos la ciudad nocturna en el típico autobús rojo, mientras Londres dormía…Por poneros algunas vivencias junto a ella.

Pero lo que más me sigue gustando, es cualquiera de las noches que pase con ella. Donde casi nos “fusionamos”.

Entre tanto, mi hermano nos daba a Lola, la princesa más preciosa, donde te dan ganas de morderle los mofletes. Mi primera sobrina que cada día que pasa, es aún más bonita. Y ahora, mi hermana vuelve a estar embarazada. No voy a ganar para regalos :D.
30 años resumidos en emociones, en recuerdos vagos casi la mayoría. En muchas fotos que tengo ordenadas en mi viejo PC. En momentos muy nefastos y en momentos brutales como suelo decir. Miro hacia atrás y me vero a mí mismo de pequeño ¿qué le diría?

Le diría: – “Apriétate el cinturón pequeño, se avecinan curvas.”

Sergio Requena

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